Montoro. Preparados homeopàticos

A finales de 2009 la organización médica
colegial de España definió la homeopatía como un
acto médico.[14] Esto tampoco es darle validez
científica, puesto que se hubiera agradecido que
los médicos implicados aportaran los datos que
avalan el uso de esta pseudomedicina. No es
demasiada buena publicidad para una terapia si
los mismos médicos tienen que insistir en que es
una práctica médica. Nadie duda de la nefrología o
de la neurología. Responde sólo al interés
corporativo de frenar el intrusismo, ya que muchos
homeópatas ni siquiera se molestan en ser
médicos, y ello con el beneplácito de muchas
compañías de homeopatía que se dedican a
organizar cursos y a repartir diplomas a cualquiera
sin importarle su formación.
Por suerte, no todo está perdido. Hay
farmacias que no publicitan la homeopatía o
directamente que no la venden. En este aspecto
destaca Suso Fernández, de la farmacia Rialto, en
la Gran Vía madrileña, que reparte un folleto entre
los clientes que le piden preparados homeopáticos
en el que se puede leer que su compromiso con un
servicio de calidad le impide recomendar terapias
como la homeopatía que no cuentan con aval
científico y que pueden ser peligrosas en caso de
tratarse de una enfermedad grave. La actitud del
Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid no
consistió, precisamente, en aplaudir su actitud,
sino que le hicieron comparecer ante la comisión
deontológica para informarle de que en el Colegio
de Médicos se habían quejado por los folletos
informativos que repartía en su farmacia.
Por cierto que los medicamentos
homeopáticos se han comercializado durante años
de forma ilegal. En el año 1992 un decreto del
gobierno trató de autorizar los productos
homeopáticos; se presentaron 19.000 expedientes,
pero éstos se paralizaron.
De haberse normalizado, otra vía hubiera
podido ser un registro simplificado, previsto en la
Ley del Medicamento de 1990 y en el mencionado
decreto del 1992, que se basa en las directivas
europeas, y que se hizo porque los productos
homeopáticos no podían inscribirse en el registro
normal ya que no superaban las pruebas que
exigían que presentaran evidencias científicas de
su eficacia. El problema es que si se autorizaban
mediante este registro no podían publicitarse como
medicamentos. En otros países europeos el caso
fue similar, con lo que la autorización para miles
de pócimas homeopáticas quedó paralizada. Por lo
tanto, éstas se vendían de forma alegal, ya que no
habían superado ningún registro.
¿Y cómo podían venderse? El Ministerio
considera vigente la autorización provisional de
venta de 1992, a pesar de que, al no haberse
resuelto, no puede considerarse válida. El
Ministerio ha tratado de deshacer este entuerto
legal. La solución estribó en utilizar un registro
simplificado. Para que un medicamento pudiera
venderse debía acreditar una serie de propiedades.
No obstante, en el Real Decreto 1345/2007,
artículo 57, se establece una dispensa específica y
provisional para la homeopatía, de forma que sólo
hace falta demostrar que no es perjudicial para que
pueda comercializarse. Es decir, no es preciso
demostrar que un tranquilizante homeopático
tranquiliza, sólo que no hace daño. En cambio, con
un Orfidal se tiene que demostrar, antes de que se
ponga a la venta, que no es dañino y que realmente
es un tranquilizante. El problema es que este
decreto no gustó a los homeópatas porque para
conseguir la autorización definitiva tenían que
pagar por cada fármaco por separado (igual que en
los medicamentos normales).
En diciembre de 2013 el gobierno quiso
acabar con esta situación de provisionalidad que
duraba veinte años y anunció que iba a aprobar los
remedios homeopáticos de forma definitiva y que
permitiría la publicidad. ¿Quería eso decir que
habían superado los ensayos clínicos? Otra
trampa. La homeopatía se amparaba en su uso
tradicional y no en su eficacia clínica, que sigue
sin demostrarse. El problema es que una
autorización basada en el decreto de 2007 habría
resultado muy cara, por lo que se optó por una
estrategia similar a la de la regularización
extraordinaria de capitales no declarados (o
amnistía fiscal) de Montoro, con la que pagando un
10 por ciento se blanqueaba el dinero negro. En el
nuevo decreto se permite que en la misma solicitud
se autorice toda la serie de medicamentos que
provienen de la misma tintura madre. Obviamente,
detrás de esta maniobra está el afán recaudatorio,
ya que cada autorización supone una tasa mínima
de entre 90 y 390 euros multiplicado por 19.000;
sólo hay que hacer el cálculo. Una curiosidad es
que, para la homeopatía, una misma tintura madre
a 10CH presenta unas propiedades diferentes que si
tiene 20CH, pero como para los homeópatas su
filosofía es maleable, según este decreto los
derivados de la misma tintura madre van todos por
la misma vía como si fueran el mismo preparado.
Como decía Groucho Marx, «Éstos son mis
principios y si no le gustan, tengo otros». Pues la
homeopatía ha cambiado sus principios y las leyes
de Hahnemann para acogerse a esta regularización
que resulta más barata. Por cierto, que tampoco
parece que esto haya acabado de funcionar, porque
un año después el decreto sigue sin aprobarse, y,
por tanto, la homeopatía sigue en un limbo legal.
Estas contradicciones entre su doctrina y su
práctica son demasiado frecuentes y a veces
peligrosas. El preparado homeopático Stodal,
comercializado por Boiron, lleva, además de las
consabidas diluciones, Drosera TM (0,95 g), jarabe
de Tolú (19,00 g), jarabe de Polygala (19,00 g). Se
trata de cantidades reales, no homeopáticas; es
decir, pueden tener efectos o ser tóxicas. El
problema es que está autorizado como
homeopático, lo que significa que no ha superado
ningún ensayo clínico ni prueba de toxicidad.
En Estados Unidos ya hubo un problema
gordo con un medicamento que se vendía como
homeopático, el Zicam,[15] pero que contenía
cantidades reales de zinc, lo que ocasionó la
pérdida del sentido del olfato de los que lo
tomaron.[

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