Los peligros de la Homeopatìa

En España, esta terapia tuvo su mayor
difusión mediática en 2010, cuando la Universidad
de Zaragoza inauguró la cátedra de empresa de
Homeopatía, financiada por Boiron. El objetivo
era crear el Libro blanco de la Homeopatía,[26] y
que apareciera este título al lado del nombre de
una universidad seria. La cátedra estuvo activa
hasta octubre de 2014. El problema no es sólo
zaragozano. La Escuela de Medicina de Berlín
también ha organizado cursos de homeopatía
contra el sida.[27]
A veces la titulitis homeopática roza el
delirio. En la página web de Boiron en Estados
Unidos te puedes sacar un título de especialista en
Homeopatía si superas un test de diez minutos. Yo
mismo soy especialista diplomado en Homeopatía,
como otros cientos de internautas. Cuando el
cachondeo con la web fue demasiado grande,
Boiron bloqueó las visitas desde España. Pasada
la avalancha, la web vuelve a estar activa, así que
si quieres un título precioso que acredite tus
conocimientos en homeopatía y te capacite para
recetar sus preparados, sólo necesitarás diez
minutos y saber inglés. Aquí va el enlace:
http://training.boironusa.com/ct/basics/. Cuando en
mi debate le pregunté al representante de Boiron
España por este hecho, me salió con una evasiva
de lo más ridícula.
UN HOMEÓPATA NO SE PREOCUPA POR TU SALUD
Se supone que un homeópata es alguien que te
vende unos preparados que dice que pueden curar
todas las enfermedades habidas y por haber, pero
que realmente no son más que píldoras de azúcar,
y eso es peligroso. Pero es que, además, un
homeópata no se preocupa por tu salud, sino por
vender homeopatía, y eso son conceptos
antagónicos.
Puede ser que honestamente crea que sus
remedios funcionan. Si es así, entonces cabe dudar
de su capacidad, ya que su espíritu crítico no le
hace sospechar de una terapia que en doscientos
años no ha superado lo que se le ocurrió a un
señor ni ha aportado ningún tratamiento mejor que
los convencionales. También es posible que sólo
viva de eso. Pero en ambos casos resulta peligroso
para tu salud porque su concepción sobre ésta, así
como de la enfermedad y la farmacología, está por
completo equivocada desde la base. Sería como si
un contratista de obras con una concepción
holística de la construcción se empeñara en no
utilizar cemento porque eso sólo le haría el juego a
las grandes empresas químicas, pero que empleara
un material más caro que realmente no uniera
ladrillos. Como es evidente, nunca acabaría la
obra, por muy convencido que estuviera del nuevo
sistema que él habría inventado.
En 2006, los periodistas Simon Singh y Alice
Tuff se hicieron pasar por unos investigadores que
iban a hacer un viaje de diez semanas a África
Occidental (la región del mundo más castigada por
la malaria). Según su historia, Alice había estado
anteriormente allí y había sufrido efectos
secundarios por el tratamiento contra la malaria,
por lo que pretendía averiguar si existía alguna
solución basada en la homeopatía. Como control,
acudieron a un médico convencional. Lo primero
que éste hizo fue preguntarle a Alice por su
historial médico y por los problemas que había
tenido; luego estuvo un buen rato explicando todos
los fármacos que existían contra la malaria y cómo
podía evitar exponerse a la enfermedad: en su
caso, le dijo, lo mejor era probar con otro
fármaco, pero no con homeopatía. A continuación,
Alice consultó a diez homeópatas. Los diez le
ofrecieron un tratamiento homeopático, pero
ninguno de ellos le aconsejó que además tomara el
convencional (¿medicina complementaria? Va a
ser que no). De esos diez terapeutas, siete no le
preguntaron por su historial médico ni le dieron
consejos para prevenir la malaria. Además, le
ofrecieron tres remedios diferentes: Malaria
nosode (a partir de vegetación podrida), China
of icinalis (a partir de quinina), Natrum
muriatricum (a partir de sal). Por cierto que otra
costumbre de los homeópatas es poner nombres a
los preparados como si éstos fueran de organismos
vivos, utilizando una nomenclatura que recuerda a
la binomial de biología de género y especie. Eso
sí, todos los homeópatas tenían mucho rollo y le
aseguraron a Alice que conocían a gente que había
tomado sus remedios y que no había cogido la
malaria. Uno argumentó que hasta curaba la fiebre
amarilla.[28] Puede que ahora estés pensando que,
bueno, esto fue una encerrona de la periodista;
seguro que el reportaje estaba manipulado. Pues
no, tenemos casos documentados de gente que ha
utilizado protección homeopática para la malaria
y, efectivamente, la ha pillado.[29] De la misma
manera, en las farmacias homeopáticas puedes
encontrar hasta un botiquín de primeros auxilios
homeopático... y es muy caro.
Tampoco es de extrañar que muchos médicos
homeópatas recomienden a sus pacientes que no se
vacunen. ¿Para qué, si ya se venden preparados
homeopáticos que sustituyen a las vacunas? No es
casualidad que dos de los médicos que han escrito
libros en contra de las vacunas (plagados de
errores e incorrecciones), como Xavier Uriarte y
Juan Manuel Marín Olmos, sean homeópatas.
Y sí, hay que afrontar la realidad y decirlo
fuerte. Aquí no vale la excusa de que, al final,
como son pastillas de azúcar, daño no te pueden
hacer. La homeopatía puede hacer daño, aunque
sea por omisión. Existen casos de personas cuya
muerte ha sido atribuida al uso de homeopatía en
vez de tratamientos válidos. Algunos nombres:
Penelope Dingle por tratarse con esta terapia un
cáncer,[30] Luca Monsellato, un niño de cuatro
años, por una neumonía,[31] Paquita Barber, en
Lleida.[32] Si quieres la lista completa, la tienes
aquí: http://whatstheharm.net/homeopathy.html.

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