Homeopatia: verdad y mentira

La gente que trabaja
en el control de calidad de la industria
farmacéutica ha de hacer esos análisis de forma
continua para asegurar que el proceso de
fabricación funciona correctamente y que no se ha
alterado. En un medicamento homeopático sólo
tienes agua. Aquí se da otra paradoja. Si al final lo
que tiene poder curativo es el agua, ¿cómo puede
ser que muchas veces los preparados
homeopáticos sean pastillas? Pues en el último
paso echan la dilución en aerosol sobre bolitas de
azúcar. Es imposible saber qué han utilizado como
material de partida porque al final todo es lo
mismo, azúcar. Los homeópatas alegan que el agua
tiene memoria y es capaz de potenciar su efecto,
algo que no se ha demostrado y que, de ser cierto,
supondría más un problema que una explicación.
Si el agua tiene memoria, ¿cómo consigue el
homeópata que ésta recuerde exactamente lo que él
quiere y no todo lo que ha hecho antes? Todos
hemos leído lo del ciclo del agua y si no tenemos
la canción Mi agüita amarilla, de Los Toreros
Muertos. ¿Cómo sabe el agua que lo que tiene que
estudiar porque entra en el examen es lo que le
dice el homeópata y no toda su historia anterior,
que se remonta miles de millones de años? Cuando
los homeóptas empiezan a diluir, ¿hipnotizan al
agua para que olvide o utilizan un aparatejo como
el de Men in Black que borra los recuerdos?
Comienzo a sentirme culpable de traumatizar y
crear recuerdos horribles a trillones de moléculas
de agua cada mañana. Espero que cuando el agua
siga con su vida olvide eso que vio desde el fondo
de la taza del retrete. No es precisamente mi
ángulo más afortunado ni mi actitud más gallarda,
aunque fisiológicamente resulta imprescindible.
Huelga decir que esto de la memoria del agua es
tan absurdo como parece. No existe, por mucho
que los homeópatas citen un estudio de un tal
Benviste que nadie ha logrado reproducir.
Otro problema que los homeópatas no saben
explicar es que el agua es una molécula estable,
pero eso no quiere decir que no participe en
reacciones químicas. Cuando quemas algo como la
madera, se oxida el carbono a dióxido de carbono
y el hidrógeno a agua. Es decir, produces nuevas
moléculas de agua. ¿Tiene que ir esta agua a la
escuela o a la universidad? ¿Es menos agua que la
que se ha producido hace millones de años?
Cuando un homeópata utiliza la presunta «memoria
del agua», ¿considera que toda el agua tiene la
misma edad para ser capaz de aprender igual? De
la misma manera hay muchas reacciones químicas
que producen hidrólisis, es decir, descomposición
de una molécula de agua. Es tan fácil como meter
una pila en agua. Las burbujas que salen se deben
a la descomposición del agua. Si el agua tiene
memoria, ¿qué pasa con los recuerdos? ¿Estás
asesinando los recuerdos de una molécula de
agua? Como decían en Blade Runner, ¿se perderán
los recuerdos como lágrimas en la lluvia? ¿Te das
cuenta de que lo de la homeopatía no es más que
una absurdez que ha sobrevivido doscientos años?
Según los homeópatas, la tintura madre tiene que hacerse a
partir de aquello que produce el mal, eso sí, poniéndole el
nombre en latín, que queda más fino. Si investigas un poco te
darás cuenta de que muchas veces las causas de los males
están cogidas de forma etérea, metafórica o con todo el
morro del mundo. Así, encontramos preparados homeopáticos
hechos a partir de excremento de perro, caspa humana, luz de
Venus, muro de Berlín (éste es para la depresión y el
aislamiento) y un largo etcétera. Para mí, la madre de todas
las tinturas ídem es una que se dice que está hecha de
antimateria; lo que no ha conseguido el CERN, los
homeópatas ya están vendiéndolo.
La forma de preparar las diluciones también
tiene tela. Según los homeópatas, cada dilución
presenta unas propiedades diferentes. Parten del
producto original, que puede ser animal, vegetal o
mineral, con el que hacen una maceración (la
llamada tintura madre) y empiezan a diluirlo. En
los preparados homeopáticos viene una
indicación, formada por un número y las letras CH
(centesimal hahnemanniana), que implica las veces
que se ha repetido poner 1 parte de solución en
100 de disolvente. Para hacernos una idea, un
preparado (lo siento, me niego a llamarlo fármaco
o medicamento, porque no lo es) homeopático
12CH equivaldría a poner una molécula de la
disolución original en toda el agua salada del
planeta Tierra, mientras que un 30,89 CH
implicaría una molécula de tintura madre en una
esfera cuyo radio sería la distancia entre la Tierra
y el Sol. Para disimular que no es lo que realmente
es (agua, nada, un placebo), la homeopatía
acompaña a sus preparados de mucha liturgia. Las
diluciones se tienen que elaborar siguiendo un
procedimiento llamado sucusión, que consiste en
golpear el frasco para infundir «dinamismo o
energía dinámica» en la sustancia. El número de
golpes depende de cada escuela. El mismo
Hahnemann no lo tuvo nunca claro, ya que en sus
obras habla de dos a doce veces, menos en la sexta
edición de su obra Organon, que pasa a cien, algo
que siguen haciendo los homeópatas en Brasil y
México, mientras que en Francia sólo son diez
golpes. Otras escuelas homeopáticas como la de
Korsakov dan doscientos golpes.[2] ¿Cuál es la
opción buena? Pues si entre ellos que son los que
venden homeopatía no se aclaran, no pretenderás

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