Homeopatìa es pseudomedicina

La homeopatía tuvo un fuerte impulso en
Estados Unidos durante el siglo XIX. En 1844 el
doctor Gramm fundó el American Institute of
Homeopathy. En España llegó en 1821 gracias a
María Cristina de Borbón, prometida de Fernando
VII (las nuevas pseudomedicinas siempre han
tenido especial predicamento entre las clases altas
por el aura de exclusividad), y Prudencio Querol
fue el primer homeópata español que ejerció
públicamente. En 1845 se fundó la Sociedad
Hahnemanniana Matritense.
Lo más gracioso es que en 1930 la
homeopatía había pasado de moda. Un editorial de
la revista JAMA del año 1932 habla de la muerte
de la homeopatía, puesto que la mayoría de las
escuelas que enseñaban homeopatía estaban
cerradas y los homeópatas habían desaparecido.
[5] No obstante, como en las películas de
vaqueros, siempre hay una salvación en el último
momento. En este caso tiene un nombre propio,
Adolf Hitler. Al ser la homeopatía un sistema
médico propiamente alemán, Hitler lo vio con
buenos ojos por motivos nacionalistas. De hecho,
se realizó un estudio a gran escala sobre su
efectividad, pero los resultados nunca se hicieron
públicos y los datos se perdieron en la guerra. La
leyenda dice que los destruyeron de forma
intencionada porque contradecían las expectativas,
pero no tenemos ninguna prueba de esto. Sin
embargo, como con los pantalones de campana,
llevar barba o los gin-tonic, la homeopatía volvió
a resurgir al calor del new age y el mundo
alternativo, y hoy goza de buena salud, a pesar que
después de doscientos años, la homeopatía sigue
sin contar con evidencias científicas que la
respalden. Y no es, como alegan algunos
defensores, porque no se haya investigado.
Investigación hay, y de sobra.
El ejemplo más claro es el de Edzard Ernst,
que fue nombrado profesor de Medicina
Alternativa y Complementaria en la universidad de
Exeter, Inglaterra, donde se embarcó en un
proyecto de investigación para encontrar la base
científica de la homeopatía. Después de muchos
años de estudio, abandonó el proyecto. En una
entrevista aseguró que «[la homeopatía] es
bastante inútil. Me habría gustado que las pruebas
dijeran lo contrario porque me formé como
homeópata. Habría sido bueno ganar un premio
Nobel mostrando un efecto, pero las pruebas están
claramente en contra». En la actualidad es un gran
divulgador sobre los peligros de la homeopatía y
las pseudomedicinas en general. Otra de sus frases
es «medicina para mis amigos, homeopatía para
mis enemigos». Para hacerse una idea, en la
Cochrane Collaboration aparece el término
«homeopatía» en 38 estudios, y ninguno de ellos
muestra una evidencia de que la homeopatía
funcione mejor que el placebo.
El medicamento estrella de la homeopatía es el
Oscillococcinum, que puedes encontrar en cualquier farmacia
a un precio de unos 14 euros la caja de seis dosis. Fue
inventado por Joseph Roy, que durante la primera guerra
mundial creyó observar en la sangre de los soldados muertos
un microbio que tenía dos granos desiguales y que vibraba
rápido. A medida que éste crecía, se agrandaba y podían
aparecer tres o cuatro granos. Después de la guerra aseguró
que podía ver este microbio en cualquier tipo de tejido
enfermo, desde tumores hasta chancros de sifilíticos, pasando
por pulmones de tuberculosos. Obviamente, en cien años de
microbiología nadie ha localizado a este misterioso bichito,
surgido de la imaginación de Roy. Pero eso no fue un
impedimento para que él preparara un tintura madre a partir
de hígado y corazón de un pato de Berbería. El motivo por el
que eligió este material como punto de partida es
desconocido. Los homeópatas alegan que fue debido a que el
pato podía ser un reservorio del virus de la gripe, pero eso se
descubrió cincuenta años después, y si lo hubiera descubierto
Roy, lo normal es que lo hubiera publicado. Al margen de que
el reservorio más frecuente es el pollo, no el pato. La
disolución homeopática de vísceras de pato se vendía como
remedio contra la gripe y el cáncer, aunque subrepticiamente
ahora sólo se vende contra la gripe. Todos los años Boiron
sacrifica un pato (que nisiquiera es de la variedad original que
utilizó Roy) en su fábrica central en Francia y a partir de él
elabora el Oscillococcinum, que es el fármaco estrella de la
empresa. Se le suele llamar el pato de los 20 millones de
dólares, y es el animal más rentable del mundo. Por cierto, ya
sabemos que el Oscillococcinum no es un medicamento, pero
tampoco es un preparado homeopático. Incumple la ley de
similitud homeopática. Nunca se ha demostrado que un pato
muerto cause el cáncer o la gripe.
LA HOMEOPATÍA, CUESTIONADA DESDE SUS
COMIENZOS
Uno de los principios de Hahnemann era la
experimentación, pero a su manera. Él se mostraba
contrario al positivismo científico y a que todo
tuviera que ser fruto de la observación y la
experimentación, por lo que se comprometió con
un movimiento llamado «ciencia romántica», que
no era más que pseudociencia disfrazada. Por eso,
cuando escuches a un homeópata mencionar la
tradición y la excelencia de su disciplina, recuerda
al noble arruinado que habla de la solera de su
linaje y la grandeza de sus palacios mientras trata
de pegarte un sablazo. La homeopatía ha estado
más o menos de moda y ha tenido más o menos
seguidores, pero nunca nadie se la ha tomado en
serio porque no es posible tomarse en serio una
disciplina sacada de la manga y basada en unos
principios que han sido refutados
experimentalmente cientos de veces.
De hecho, hay que agradecer que sí que hubo
médicos que creyeron en la homeopatía sin
renunciar al positivismo científico y desde sus
comienzos diseñaron ensayos para comprobar sus
virtudes, ensayos que siempre arrojaban (y siguen
haciéndolo) resultados contrarios a ésta. Sir John
Forbes, médico de la reina Victoria, puso en duda
hace doscientos años el principio de las diluciones
infinitas. Esta acumulación de evidencias
negativas fue el motivo por el que la homeopatía
estuvo prohibida en el reino de Nápoles o en
Rusia.
En 1842 (con Hahnemann todavía vivo), el
prestigioso médico americano Oliver Wendell
Holmes impartió una conferencia cuyo elocuente
título era «Homeopatía y otras ilusiones por el
estilo». En el número de febrero de 1866, la
revista Anales de la Real Academia de Ciencias
Médicas, Físicas y Naturales de La Habana
publicó una contundente carta firmada por los
médicos y académicos don Antonio Mestre y don
J. Joaquín Muñoz en la que compilaban todos los
ensayos llevados a cabo y concluían que la
homeopatía no funcionaba, por lo que aconsejaban
que no la practicara ningún médico

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