Acupuntura. Màs pseudomedicina

Tenemos documentación histórica de
tratamientos de MTC que incluyen caspa, cera de
oídos, suciedad acumulada en el corvejón, heces
de cerdo, etcétera, y no son los peores.
En el mencionado libro también se hace
referencia a varios tratamientos que utilizan partes
de cadáveres o carne humana. Una vieja tradición
médica china establecía que, para demostrar amor
a sus suegros, la nuera debía cortarse alguna parte
del cuerpo y cocinarla. Este preparado constituía
un tratamiento para los achaques propios de la
edad. En el libro Cannibalism in China,[1] Key
Ray Chong cuenta que esta práctica se inició en la
dinastía Sung (960-1126) y duró hasta principios
del siglo XX. Entre las partes ofrecidas a los
suegros que han podido documentarse aparecen
pechos, orejas, globos oculares, dedos, etcétera.
La práctica obviamente fue desaprobada, aunque
la tradición es la tradición. En 1987, en Taiwán se
produjo un caso de una nuera que se cortó un trozo
de muslo para dárselo de comer a su suegra.
Cuando Shakespeare escribió El mercader de
Venecia, donde Shylock exige como pago una libra
de carne humana de su deudor, no imaginaba que
esto podría ser real. Llegados a este punto, habría
de ser justo y mencionar que en Occidente han
existido tratamientos parecidos. Las momias
trituradas se utilizaban como medicina para la
longevidad durante los siglos XVII y XVIII, y con la
sangre y grasa de los condenados se realizaban
diferentes ungüentos y pociones. A principios del
siglo XX, Enriqueta Martí, conocida como la
Vampira de Barcelona, asesinaba niños y
preparaba ungüentos y pomadas con ellos que
vendía como tratamiento para la tuberculosis.
Quizá la diferencia con Occidente reside en
que estos remedios basados en restos humanos no
están completamente desterrados de la práctica de
la MTC. Según cita Mary Roach Stiff en Fiambres:
la fascinante vida de los cadáveres[2] en la
edición de 1977 de El Gran Diccionario de
Farmacología China de Chung Yao Ta Tz’u Tien
aparece referenciados tratamientos que incluyen el
uso de dedos, dedos de pies, uñas, orina seca,
heces y leche materna. No he sido capaz de
encontrar la referencia original, pero dado que el
libro no parece haberse traducido a ninguna lengua
occidental, tendremos que fiarnos de la escritora
americana. En fechas recientes se ha denunciado el
tráfico de placentas[3] y de fetos abortados para la
preparación de fármacos,[4] a pesar de estar
oficialmente prohibidos. Parece una leyenda
urbana, pero no es el caso, ya que se ha podido
trazar el origen, aunque no parece que sea algo
generalizado.[5] Lo dicho, yo prefiero un fármaco
lo más químico y artificial posible que una
placenta en grageas.
¿SE CREEN EN CHINA LA MEDICINA TRADICIONAL
CHINA?
Otro factor que suele olvidarse cuando se valora
la MTC es que el señor que está enfermo en China
va al médico a que le recete antibióticos o
analgésicos, igual que aquí en España. Allí existe
la medicina tradicional como aquí sigue habiendo
curanderos. Antiguamente, en muchas zonas sólo
había MTC, pero a la que se abría un hospital de
los de verdad con camillas, enfermeras y
antibióticos, el curandero (perdón, médico
tradicional chino) se quedaba sin clientela.
Sin embargo, se puede argumentar que Mao
Zedong (Mao Tse-tung cuando yo estudiaba,
aunque en aquella época Pekín todavía no era
Beijing) impulsó e institucionalizó la MTC durante
el gran salto adelante y la revolución cultural.
Mao era un gobernante hábil (alguien que
logra aferrarse tantos años al cargo debe de serlo),
pero yo no lo cogería como ejemplo de buena
gestión, sobre todo en lo que atañe a temas
técnicos. Era muy dado a pronunciar frases
lapidarias que casi eran poemas en sí mismos,
como cuando dijo: «Cada grano que se come un
pájaro se lo roba al pueblo», y con esto inició una
campaña para exterminar a todos los gorriones.
Esto producía el efecto positivo de tener a la gente
entretenida con un enemigo común, lo que les
hacía más maleables y pensaban menos en las
penurias y falta de libertades. El problema es que
olvidó que los pájaros, además de grano, comen
insectos y participan en el equilibrio ecológico. El
aumento de insectos se tradujo en plagas para el
campo y en el incremento de las enfermedades. Un
auténtico desastre.
Es cierto que Mao apoyó públicamente el uso
de la MTC, pero es que no era tonto. Es más, la
MTC, tal como la conocemos hoy en día, es un
invento de Mao. Como cuenta en su biografía uno
de sus médicos personales, Li Zhisui, ni él ni otros
médicos más cercanos creían en la MTC, entre otras
cosas porque no existía como tal, sino que era más
bien un conjunto de prácticas, supersticiones y
costumbres que variaban de una zona a otra. Pero
como apenas había doctores formados en medicina
y los campesinos tenían mucha fe en la MTC, lo que
hizo Mao fue institucionalizarla y darle un aura de
oficialidad, ya que ello comportaba un coste
mucho menor que extender un sistema de medicina
oficial en un país como China. Además era una
forma de unir a su pueblo y de exaltar los valores
nacionalistas: si hay una medicina nacional China,
no hace falta la occidental. De hecho, términos que
nos suenan tanto como «holístico» y «cuidados
preventivos» son de su propia cosecha. Por lo
tanto, su apoyo de la MTC sólo constituyó una
estrategia para que la gente se sintiera respaldada
por el gobierno, exaltar los valores patrios y, de
paso, que le saliera barato al Estado. Un placebo
social a gran escala en toda regla. Sin embargo,
Mao siguió recurriendo durante toda su vida a los
tratamientos occidentales.[6]
Mao no fue el único en aplicar medidas
similares. En Cuba, tras la caída del régimen
soviético y la tremenda crisis que sobrevino, el
gobierno también impulsó una campaña
de promoción de la medicina tradicional y natural,
fomentando incluso un remedio homeopático made
in Cuba preparado a partir del escorpión azul.
Realmente, estaban empleando la misma estrategia
que Mao en China unos años antes, ya que esto era
mucho más barato que sostener el sistema de salud
pública. Por cierto, los extremos se tocan: aquí,
nuestra Ana Mato también se sirvió de técnicas de
lo más comunistas cuando en junio de 2012
anunció que iban a quitar del vademécum
medicamentos para afecciones leves y a
sustituirlos por «alguna cosa natural».[7]
Obviamente, buscaba poner un parche mediático al
recorte que acababan de aplicar. El problema es
que esto fue considerado como un espaldarazo
oficial por parte de todos los profesionales de la
pseudomedicina, cuando no era más que una forma
de distraer la atención.
ACUPUNTURA. COMO EL VUDÚ, PERO DE BUEN
ROLLO
Una de las prácticas más populares derivadas de
la tradición oriental es la acupuntura. Sus
defensores argumentan que se utilizaba desde casi
el Neolítico, para lo que se apoyan en los restos
hallados en algunos yacimientos arqueológicos de
Mongolia, datados en el 6000 a. C., que han
identificado como utensilios para la aplicación de
la acupuntura. Otros argumentan que también se
practicaba ancestralmente en Europa porque la
momia del hombre de hielo de los Alpes
(popularmente conocida como Ötzi) llevaba unos
tatuajes que eran señales de acupuntura. En ambos
casos, la relación con la acupuntura se basa sobre
todo en una especulación interesada para darle una
antigüedad que no tiene. Su origen histórico resulta
bastante más cercano. El primer documento donde
encontramos una referencia es el Huangdi Neijing,
[8] también llamado «libro clásico de medicina
interna del emperador amarillo», escrito en el
siglo II a. C., en tiempo de la dinastía Han, por lo
que tiene poco más de dos mil años de antigüedad.
El primer libro sobre acupuntura publicado
en Europa es la obra del médico holandés Wilhelm
Ten Rhijne Dissertatio de Arthritide: Mantissa
Schematica: De Acupunctura: Et Orationes Tres,
de 1682, aunque algunas fuentes sugieren que ya
con anterioridad los jesuitas habían introducido
esta terapia. En 1836 en la revista médica The
Lancet se publicó un artículo donde se describía
el tratamiento de un hidrocele testicular (retención
de líquido en el escroto) con acupuntura.[9]
Aunque en este caso el éxito es fácil de explicar:
¿no se limitaron a pinchar el globo? En Inglaterra
la acupuntura tuvo cierta relevancia a principios
del siglo XIX, pero cayó en desgracia con el
levantamiento de los bóxers en 1840 y con la
ruptura de relaciones entre el Imperio británico y
China. En 1934 el cónsul francés en China, Georfe
Soulié de Morant, introdujo esta terapia en
Francia.
Si exceptuamos estos tímidos intentos, que no
tuvieron continuación, la fecha oficial de entrada
de la acupuntura en la cultura popular occidental
fue el año 1972, y el pistoletazo de salida, el viaje
de Richard Nixon a China (ése en el que Forrest
Gump jugaba al ping pong). En 1971, antes de que
el presidente cogiera el Air Force One rumbo a
Beijing, Henry Kissinger realizó un viaje
preparatorio con un grupo de periodistas. Uno de
ellos era el editor de The New York Times James
Reston, que sufrió una apendicitis en Beijing y
tuvo que someterse a una operación, para la que se
le anestesió de la forma usual (como cuenta en su
artículo original publicado el 26 de julio de 1971).
No obstante, para las molestias del postoperatorio
(principalmente gases) se utilizó acupuntura, pero
empezó a circular la historia de que había sido
intervenido de apendicitis usando acupuntura como
anestesia.

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