La medicina en Japón y China

Más tarde, en la visita oficial de Nixon, una
de las cosas que más le impresionó al presidente
fue contemplar una operación que se hacía sin
anestesia, sólo con una aguja en la oreja y el Libro
Rojo de Mao en la mano. Lo que ignoraba Nixon
es que en verdad los pacientes estaban
preseleccionados entre los menos quejicas y se les
había administrado un sedante. A Nixon, los chinos
le engañaron como a un chino, o mejor dicho,
como a un occidental.
Lo de que la acupuntura sirve como anestesia
es una reivindicación que nunca ha podido
demostrarse. De hecho, en la cirugía china
tradicional se utiliza como anestésico el
mencionado opio, que, por cierto, se ha
incorporado a la farmacología occidental con
mucho éxito, y no sólo por su uso recreativo, sino
también por la gran cantidad de fármacos que
derivan de él. Hua Tua, un médico de la dinastía
Han, ya describía el uso de una mezcla de vino y
opio como anestésico, lo que también se recoge en
un libro del cirujano japonés Hanaoka Seishu
publicado en 1804. Ambos conocían y usaban la
acupuntura, pero no le daban ningún valor como
anestésico. La creencia se ha perpetuado hasta hoy
en día. En un programa de la BBC 2 sobre medicina
alternativa emitido en enero de 2006 se hizo una
operación a corazón abierto con acupuntura, pero
luego se demostró que el paciente estaba sedado
con opiáceos (estrategia también típicamente
china).[11] Como con la hipnosis, si esto fuera
cierto, el gobierno ya lo habría hecho obligatorio y
nos estaríamos ahorrando millones de euros en
anestésicos y anestesistas, pero no es el caso.
Una vez que te meten la aguja en un punto concreto, hay otro
problema. La mayoría de los puntos son multitarea. Por
ejemplo, el punto 36 del canal de estómago activa las
glándulas suprarrenales y el sistema retículo-endotelial,
además de incrementar y disminuir (toma ya, hace una cosa y
la contraria) la motilidad gástrica, estimular la producción de
endorfinas en la membrana de la mucosa parietal del
estómago, píloro, duodeno, yeyuno e íleon. ¿Cómo consiguen
que sólo se estimule lo que se pretende y que no te acelere las
glándulas suprarrenales cuando el problema está en el tránsito
intestinal?
Nixon a su vuelta a Estados Unidos,[12] hizo
que el poderoso National Institute of Health
investigara si había una base física para esta
misteriosa energía vital. La investigación la llevó
a cabo Robert Becker, un cirujano ortopédico
experto en electrónica biomédica que llegó a
publicar un estudio en el que defendía que las
propiedades de impedancia de los puntos de
acupuntura son diferentes de los otros puntos.[13]
Nada de ensayos clínicos, ni de los meridianos, ni
de las corrientes. Luego se vio que la impedancia
(una propiedad de conductividad eléctrica) varía
mucho según el punto de la piel; de hecho, treinta y
ocho años después, en un estudio de 2013, no se
consiguió medir este efecto de forma satisfactoria.
[14]
Y a estos dos hechos puntuales hay que sumar
la moda por todo lo oriental que nos invadió en los
años setenta. Dicho de otra manera, el éxito de la
MTC le debe más a las películas de Bruce Lee que
a su eficacia como medicina. Por cierto, Bruce Lee
nació en Estados Unidos.
Durante el mandato del emperador Daoguang,
de la dinastía Quing, en la primera mitad del siglo
XIX, se asumió que la acupuntura no era más que
una barrera para el progreso de la medicina, por lo
que se eliminó su enseñanza de todas las escuelas
de medicina imperiales. A principios del siglo XX,
la acupuntura no existía en Occidente y estaba de
capa caída en Oriente. Si ha llegado hasta nuestros
días es por obra de las maquinaciones de Mao
Zedong y por la credulidad de Nixon. Durante el
aperturismo que siguió a la visita del presidente,
se invitó a numerosas delegaciones de médicos
occidentales a presenciar demostraciones de
acupuntura y otras técnicas de MTC en China,
mientras que delegaciones de médicos chinos
impartieron cursos en facultades de medicina de
diferentes países con el fin de que la acupuntura
fuera una técnica más. De hecho, Mao lo vio como
una fuente de ingresos para su país, tanto por la
venta de material como por los especialistas que
irían a formarse... pero sin éxito. ¿Te han
anestesiado con acupuntura en algún hospital? Al
final, los propios médicos se dieron cuenta de que
las filmaciones de operaciones a corazón abierto
con acupuntura no eran más que películas de
propaganda, más falsas que la autopsia del
extraterrestre cabezón, aquella que salió por la
tele. En 1973, la sociedad americana de
anestesistas hizo un comunicado oficial en el que
alertaba de la nula evidencia científica que había
detrás del uso de la acupuntura en un quirófano.
La base doctrinal de la acupuntura es la
misma que la de la MTC, es decir, los famosos doce
o catorce canales o meridianos invisibles por los
que circula, como si fuera agua, una energía
mágica. La diferencia es que para conseguir el
equilibrio, en vez de hierbas o infusiones
preparadas con restos de cadáveres, deposiciones
o animales en peligro de extinción, se utilizan
agujas, que introducidas en el lugar preciso hacen
como si se regularan las válvulas en una tubería
para que el flujo volviese a ser correcto. El
número de puntos cambia, pero lo más aceptado
son 365. Otra técnica propia de la acupuntura es la
de medir el pulso, que no tiene nada que ver con lo
que hace un médico, pues utilizan el pulso para
medir la energía y diagnosticar enfermedades que
tienen poca o ninguna relación con el sistema
circulatorio.
Por cierto, los antropólogos culturales le han
quitado hierro al asunto de la ciencia milenaria
que en apariencia hay detrás de la acupuntura. Más
bien lo que hay son supersticiones que han
sobrevivido. En la mitología china se dice que la
enfermedad es causada porque un demonio entra
en el cuerpo, y la forma ancestral de tratarlo sería
clavándole agujas para que saliera. La acupuntura
no es más que la versión 2.0 de «pincha al
demonio para que salga». De la misma forma, en
la China mitológica se habla de doce grandes ríos,
por lo que los meridianos no serían otra cosa que
una proyección en el cuerpo de las creencias
chinas. Y esto no es todo: el origen del diagnóstico
de las enfermedades por el pulso posiblemente es
de cuando los médicos chinos debían tratar a la
esposa o a la concubina de algún noble, las cuales
tenían vetado el contacto con otro hombre, por lo
que sólo podían mostrar su muñeca a través de una
cortina negra que separaba el gineceo del resto del
palacio. Por cierto, ¿a que te suena que los puntos
de acupuntura sean 365? ¿No te resulta familiar la
cifra? Pues sí, lo de los 365 días no es más que
otra proyección, en este caso, de los días del año
en el cuerpo humano. Por lo tanto, la actual
acupuntura no es una disciplina que provenga de la
experimentación o de la observación, sino que son
supersticiones y costumbres chinas de hace dos
mil años disfrazadas de pseudomedicina.
Vamos a ver los problemas prácticos que
plantea la acupuntura. La primera pregunta que
surge es: ¿cómo se las arregla el acupuntor para
acertar con la agujita en estos puntos concretos
(invisibles, indetectables e imaginarios)? Para
empezar, según el libro que consultes variará el
número de estos puntos. Luego hay otro problema
añadido. Tú puedes ver en un diagrama o en una
representación dónde están los puntos, pero ¿cómo
lo extrapolas en un cuerpo real, con la diferencia
de tamaños existente? Se supone que has de
introducir la banderilla (perdón, la aguja de
acupuntura) en un punto concreto, pero la gente
cambia. No es lo mismo un obeso que un
anoréxico, un niño que un adulto. Seguro que ellos
te dicen que lo saben y que la ponen en el sitio
correcto, pero hacen una trampa muy burda.
Imagina que te digo que trates de adivinar el
número que estoy pensando. Dices cinco y en vez
de hacer una rima guarra te digo que has acertado,
que eres muy bueno y que posiblemente seas
telépata. Seguro que te pones muy contento, pero
luego te anuncio que el premio por acertar es
fregar los platos. Te das cuenta de que, dijeras el
número que dijeras, ibas a acertarlo porque
simplemente yo no había pensado ningún número y
todos valían. Éste es el truco por el que los
acupuntores aciertan en el acupunto. Dado que la
energía vital no existe y los meridianos tampoco,
puedes poner la aguja donde quieras. Esto está
demostrado.
Una de las aplicaciones más populares de la
acupuntura es como medida analgésica, aunque si a
mí me meten una aguja en cualquier parte sensible
del cuerpo, ésta no me quitará el dolor, sino que
más bien me lo provocará. En mayo de 2009, la
revista Archives of Internal Medicine hizo un
estudio sobre 638 pacientes que sufrían dolor de
espalda crónico. Éstos fueron divididos en tres
grupos. En uno los enfermos recibieron un
tratamiento convencional; en otro fueron tratados
por acupuntores «reales» y en el tercer grupo, por
acupuntores falsos que pusieron agujas al azar. El
resultado fue que los que se sometieron a la
acupuntura mejoraron respecto a los del
tratamiento convencional, pero no hubo ninguna
diferencia entre los que fueron tratados por
acupuntores reales y a los que se les aplicaron las
agujas al azar.[15] Se han encontrado resultados
similares en otros estudios hechos sobre la
migraña.[16] Un estudio más reciente observó que
la acupuntura de verdad funcionaba, pero sólo un
poco mejor que la falsa.[17] ¿Por qué notan una
mejoría los pacientes con las agujas, sean
aplicadas por un acupuntor o no? Pues porque si
tienes un dolor crónico localizado en una parte del
cuerpo y te clavan una aguja en otra parte, el
cerebro se despista y deja de hacer caso al sitio
que te dolía originalmente. Por lo tanto, lo de los
puntos de acupuntura es una chorrada y por eso el
acupuntor siempre acierta. Vale cualquier punto al
azar. Ya sabes, si quieres ahorrarte el acupuntor, la
próxima vez que te duela algo dile a la portera que
te clave unas cuantas agujas donde mejor le
parezca. Te ahorrarás una pasta.
Y solamente sobre esa aplicación (alivio de
dolores crónicos) hay evidencias. Sobre el resto
de las aplicaciones de la acupuntura, que incluyen
dejar de fumar, resolver problemas psicológicos o
cualquier tipo de enfermedad, no hay ninguna
prueba de que funcionan. Bueno, quizá sí que hay
una. Son una gran excusa. Hubo un ministro que
dijo que adelgazó gracias a la acupuntura. De
acuerdo que no quieras decir que te has hecho la
liposucción, pero el problema es que estás
haciendo propaganda gratuita y dando por bueno
algo que no lo es.
Una vez que te has convertido en un acerico
humano y tienes la espalda como el lomo de Moby
Dick, la terapia puede seguir diferentes caminos.
Hay quien deja las agujas como están. Hay quien
se tira al rollo Tigre y dragón de cabeza y les
aplica calor quemando una planta conocida como
artemisia. Esta técnica es conocida como
moxibustión. Posiblemente lo de la artemisia tenga
un origen en la medicina tradicional y cierto valor
terapéutico. Cauterizar una herida con calor es una
forma de tratamiento, pero con el paso del tiempo
se quedaron con la parte folclórica y asumieron
que se hacía por las propiedades mágicas del
humo y no por el valor en sí del calor, como
prueba el hecho de que sólo se utilice una planta.
Para evitar quemaduras a veces se interponen
rodajas de jengibre entre el artilugio donde arde la
artemisia y el punto de acupuntura, aunque las
quemaduras son frecuentes.
Lo que es más surrealista y difícil de explicar
es la variante conocida como electroacupuntura,
que consiste en hacer circular una corriente
eléctrica por las agujas. A ver, si se supone que la
gracia de la acupuntura es que se trata de una
técnica milenaria, ¿cómo se las arreglaban hace
cuatro mil años para producir la corriente
eléctrica con las agujitas? ¿Pedaleando con una
bicicleta y una dinamo hecha a base de monedas
de cobre? ¿A nadie le extraña? Parece ser que la
evolución de la acupuntura no ha tendido hacia los
ensayos clínicos o a tratar de arreglar las
evidentes discrepancias de su doctrina con la
observación, sino que se han contentado con una
batería y unos electrodos en las agujas. Bueno, la
electroacupuntura es un invento europeo. Louis
Berlioz, padre del compositor, era un entusiasta de
la acupuntura en la época en que Luigi Galvani
estaba realizando sus famosos experimentos con la
electricidad y las ancas de rana, cuando todo lo
que tenía que ver con la corriente eléctrica
presentaba un aura de misterio. Sólo hay que
pensar en Frankenstein, de Mary W. Shelley, que
vuelve a la vida por una descarga eléctrica.
Berlioz supuso que haciendo circular una corriente
eléctrica por las agujas ayudaría a restablecer la
fuerza vital. Como pasa con la pseudomedicina,
con que se le ocurra a alguien sobra, no es
necesario demostrarlo. Otras versiones más
modernas también comprenden la estimulación de
los puntos de acupuntura por rayo láser o por
infrarrojos. Incluso te puede salir más barato. La
acupresión consiste en manipular los puntos de
acupuntura con los dedos.
Pero no olvides que ninguna pseudomedicina
es inocua ni está libre de peligros. Ya te he dicho
que, según la MTC, la microbiología no existe. Y
sus terapeutas actúan en consecuencia. Los casos
de infecciones o contagio de enfermedades como
sida o hepatitis C en las consultas de los
acupuntores son bastante frecuentes, como ya
denunció el New England Journal of Medicine en
1989.[18]
De hecho, un estudio reciente señala que la
mayor prevalencia de la hepatitis C en la
población asiática de Estados Unidos frente a
otros grupos étnicos es debida a la acupuntura.[19]
Asimismo, en junio de 2014 ha habido un brote de
tuberculosis en una clínica de acupuntura,
transmitida por las agujas.[20]
LAS HIJAS BASTARDAS DE LA ACUPUNTURA
De la misma manera que a la homeopatía le salió
una hija ilegítima en forma de flores de Bach, a la
acupuntura le han salido varias. Esto no tiene nada
de extraño, dado los varios milenios de ventaja
que le lleva a la medicina del hombre del gallo,
como diría Baroja. Cuando no cuentas con una
base científica, cualquiera está tentado a
improvisar algo. Que triunfe o no triunfe no
dependerá de la efectividad (ninguna más allá del
placebo), sino de la labia.
Recientemente nuestra oscarizada Penélope
Cruz apareció en público con un aplique en la
oreja, pues estaba siguiendo un tratamiento de
auriculoterapia, que viene a ser lo mismo que una
acupuntura, pero en este caso nos olvidamos de
canales, meridianos y paralelos. Se realiza sólo en
la oreja y se basa en la suposición de que ésta
representa todas las partes del cuerpo porque su
forma recuerda a la de un feto. Por lo tanto, la
oreja acaba más perforada que la de Angelina
Jolie. Un antropólogo diría que esto es un ejemplo
de magia representativa, igual que lo que hace un
bokor (sacerdotes vudú). En el vudú, para hacerle
daño a alguien, creas un muñeco que le represente
y haces con el muñeco lo que te gustaría hacerle a
la persona representada. La auriculoterapia
funciona igual, pero de buen rollo, y encima paga
el que sufre el mal. ¿Qué dice la ciencia? Pues los
ensayos clínicos, como es de esperar, demuestran
que no hay diferencia con el placebo. Incluso en
revistas bastante afines a las pseudomedicinas se
afirma que la auriculoterapia sólo es efectiva para
perder peso si se sigue a la vez que un régimen, es
más, el régimen también es efectivo aunque no te
pongas pendientes fashion. Para dejar de fumar
tampoco sirve.[21] Siguiendo el razonamiento
auriculoterapéutico al extremo, si alguien perdiera
la oreja en un accidente, ¿quedaría su vida segada?
Si eso fuera cierto, Niki Lauda habría fallecido
hace tiempo. Lo que no sé es cómo es posible que
los acupuntores tengan tan poca imaginación.
Propongo otra representación. Una cabeza
masculina rapada recuerda a un glande, ¿por qué a
nadie se le ha ocurrido tratar la disfunción eréctil
con agujas en la calva? Me hace daño sólo de
pensarlo. Yo confiaría más en la viagra. Pero no es
tan disparatado. Para el congreso The
International Jerusalem Congress on Integrative
Medicine, celebrado en 2010, John C. McLachlan
propuso un trabajo sobre la arsología, que
consistía en aplicar acupuntura en las nalgas. Pasó
todos los controles y fue presentado, aunque lo que
pretendía su autor era cachondearse de la
acupuntura.[22]
Otra de las desviaciones de la acupuntura es
la reflexoterapia. Como los meridianos son
imaginarios, podemos hacer lo que queramos con
ellos, por ejemplo, decir que van de la cabeza a
los pies. Siguiendo con el símil de que la
acupuntura es la fontanería de la energía qi, la
reflexoterapia sería como cuando el fontanero te
revisa la acometida de agua por si la fuga no está
en tu casa, sino donde tomas la de la calle.
También es un invento europeo, concretamente se
le ocurrió a William Fitzgerald a principios del
siglo xx. Se supone (imaginación no les falta,
desde luego) que en cada parte del pie hay una
representación de todos los órganos del cuerpo,
por lo que observándolo pueden diagnosticarse
dolencias y masajeándolo es posible curar todo el
cuerpo. La ventaja que tiene respecto a la
acupuntura es que presenta una recompensa
inmediata. La planta de los pies es una zona con
muchísima sensibilidad, por lo que, por poca traza
que se tenga, un masaje siempre da gustito. Que
cure algo ya es otra historia, pero ¿y lo bien que te
quedas? La reflexoterapia triunfa sobre todo en los
mercadillos de cualquier paseo marítimo o feria
de artesanía. Fíjate y verás que entre el vendedor
de colgantes y el tenderete de camisetas del Che,
de Iron Maiden y de Messi falsificadas siempre
hay una parada de artesanía en madera y
reflexoterapia. Yo conozco varias. Dan gustito,
pero si me duele algo voy al médico.
Incluso hay una desviación de lo más
surrealista, el EFT-Tapping, una técnica que
consiste en golpear los puntos de acupuntura con
los dedos. Lo más gracioso es que no cura sólo
dolores, sino también problemas económicos o
sentimentales. Ahora a la acupresión le puedes
pedir dinero y amor, además de salud; vamos, el
paquete completo.[23] EFT son las siglas
(convenientemente registradas) de Técnica de
Liberación Emocional. Se trata de un invento de
Gary Craig, ministro de la Iglesia Universal de
Dios que había estudiado algunas pseudoterapias
como la del campo de pensamientos, de Roger
Callahan, registrada como TFT (no es casualidad
que se parezcan), con la diferencia de que si el TFT
era una pseudoterapia psicológica, el EFT ya sirve
para todo. No obstante, Craig supo buscarse
buenos padrinos, como Deepak Chopra, que
publicitaron su técnica. En España, la monja
Teresa Forcades oferta talleres de esta técnica en
su propio monasterio al precio de 150 euros por
barba.[24] Es sorprendente que esta monja siga
siendo un icono para ciertos sectores de la
izquierda. Y yo que pensaba que Marx y Engels
estaban en contra de la religión. Esto de la
izquierda ensotanada me supera.

Acupuntura. Màs pseudomedicina

Tenemos documentación histórica de
tratamientos de MTC que incluyen caspa, cera de
oídos, suciedad acumulada en el corvejón, heces
de cerdo, etcétera, y no son los peores.
En el mencionado libro también se hace
referencia a varios tratamientos que utilizan partes
de cadáveres o carne humana. Una vieja tradición
médica china establecía que, para demostrar amor
a sus suegros, la nuera debía cortarse alguna parte
del cuerpo y cocinarla. Este preparado constituía
un tratamiento para los achaques propios de la
edad. En el libro Cannibalism in China,[1] Key
Ray Chong cuenta que esta práctica se inició en la
dinastía Sung (960-1126) y duró hasta principios
del siglo XX. Entre las partes ofrecidas a los
suegros que han podido documentarse aparecen
pechos, orejas, globos oculares, dedos, etcétera.
La práctica obviamente fue desaprobada, aunque
la tradición es la tradición. En 1987, en Taiwán se
produjo un caso de una nuera que se cortó un trozo
de muslo para dárselo de comer a su suegra.
Cuando Shakespeare escribió El mercader de
Venecia, donde Shylock exige como pago una libra
de carne humana de su deudor, no imaginaba que
esto podría ser real. Llegados a este punto, habría
de ser justo y mencionar que en Occidente han
existido tratamientos parecidos. Las momias
trituradas se utilizaban como medicina para la
longevidad durante los siglos XVII y XVIII, y con la
sangre y grasa de los condenados se realizaban
diferentes ungüentos y pociones. A principios del
siglo XX, Enriqueta Martí, conocida como la
Vampira de Barcelona, asesinaba niños y
preparaba ungüentos y pomadas con ellos que
vendía como tratamiento para la tuberculosis.
Quizá la diferencia con Occidente reside en
que estos remedios basados en restos humanos no
están completamente desterrados de la práctica de
la MTC. Según cita Mary Roach Stiff en Fiambres:
la fascinante vida de los cadáveres[2] en la
edición de 1977 de El Gran Diccionario de
Farmacología China de Chung Yao Ta Tz’u Tien
aparece referenciados tratamientos que incluyen el
uso de dedos, dedos de pies, uñas, orina seca,
heces y leche materna. No he sido capaz de
encontrar la referencia original, pero dado que el
libro no parece haberse traducido a ninguna lengua
occidental, tendremos que fiarnos de la escritora
americana. En fechas recientes se ha denunciado el
tráfico de placentas[3] y de fetos abortados para la
preparación de fármacos,[4] a pesar de estar
oficialmente prohibidos. Parece una leyenda
urbana, pero no es el caso, ya que se ha podido
trazar el origen, aunque no parece que sea algo
generalizado.[5] Lo dicho, yo prefiero un fármaco
lo más químico y artificial posible que una
placenta en grageas.
¿SE CREEN EN CHINA LA MEDICINA TRADICIONAL
CHINA?
Otro factor que suele olvidarse cuando se valora
la MTC es que el señor que está enfermo en China
va al médico a que le recete antibióticos o
analgésicos, igual que aquí en España. Allí existe
la medicina tradicional como aquí sigue habiendo
curanderos. Antiguamente, en muchas zonas sólo
había MTC, pero a la que se abría un hospital de
los de verdad con camillas, enfermeras y
antibióticos, el curandero (perdón, médico
tradicional chino) se quedaba sin clientela.
Sin embargo, se puede argumentar que Mao
Zedong (Mao Tse-tung cuando yo estudiaba,
aunque en aquella época Pekín todavía no era
Beijing) impulsó e institucionalizó la MTC durante
el gran salto adelante y la revolución cultural.
Mao era un gobernante hábil (alguien que
logra aferrarse tantos años al cargo debe de serlo),
pero yo no lo cogería como ejemplo de buena
gestión, sobre todo en lo que atañe a temas
técnicos. Era muy dado a pronunciar frases
lapidarias que casi eran poemas en sí mismos,
como cuando dijo: «Cada grano que se come un
pájaro se lo roba al pueblo», y con esto inició una
campaña para exterminar a todos los gorriones.
Esto producía el efecto positivo de tener a la gente
entretenida con un enemigo común, lo que les
hacía más maleables y pensaban menos en las
penurias y falta de libertades. El problema es que
olvidó que los pájaros, además de grano, comen
insectos y participan en el equilibrio ecológico. El
aumento de insectos se tradujo en plagas para el
campo y en el incremento de las enfermedades. Un
auténtico desastre.
Es cierto que Mao apoyó públicamente el uso
de la MTC, pero es que no era tonto. Es más, la
MTC, tal como la conocemos hoy en día, es un
invento de Mao. Como cuenta en su biografía uno
de sus médicos personales, Li Zhisui, ni él ni otros
médicos más cercanos creían en la MTC, entre otras
cosas porque no existía como tal, sino que era más
bien un conjunto de prácticas, supersticiones y
costumbres que variaban de una zona a otra. Pero
como apenas había doctores formados en medicina
y los campesinos tenían mucha fe en la MTC, lo que
hizo Mao fue institucionalizarla y darle un aura de
oficialidad, ya que ello comportaba un coste
mucho menor que extender un sistema de medicina
oficial en un país como China. Además era una
forma de unir a su pueblo y de exaltar los valores
nacionalistas: si hay una medicina nacional China,
no hace falta la occidental. De hecho, términos que
nos suenan tanto como «holístico» y «cuidados
preventivos» son de su propia cosecha. Por lo
tanto, su apoyo de la MTC sólo constituyó una
estrategia para que la gente se sintiera respaldada
por el gobierno, exaltar los valores patrios y, de
paso, que le saliera barato al Estado. Un placebo
social a gran escala en toda regla. Sin embargo,
Mao siguió recurriendo durante toda su vida a los
tratamientos occidentales.[6]
Mao no fue el único en aplicar medidas
similares. En Cuba, tras la caída del régimen
soviético y la tremenda crisis que sobrevino, el
gobierno también impulsó una campaña
de promoción de la medicina tradicional y natural,
fomentando incluso un remedio homeopático made
in Cuba preparado a partir del escorpión azul.
Realmente, estaban empleando la misma estrategia
que Mao en China unos años antes, ya que esto era
mucho más barato que sostener el sistema de salud
pública. Por cierto, los extremos se tocan: aquí,
nuestra Ana Mato también se sirvió de técnicas de
lo más comunistas cuando en junio de 2012
anunció que iban a quitar del vademécum
medicamentos para afecciones leves y a
sustituirlos por «alguna cosa natural».[7]
Obviamente, buscaba poner un parche mediático al
recorte que acababan de aplicar. El problema es
que esto fue considerado como un espaldarazo
oficial por parte de todos los profesionales de la
pseudomedicina, cuando no era más que una forma
de distraer la atención.
ACUPUNTURA. COMO EL VUDÚ, PERO DE BUEN
ROLLO
Una de las prácticas más populares derivadas de
la tradición oriental es la acupuntura. Sus
defensores argumentan que se utilizaba desde casi
el Neolítico, para lo que se apoyan en los restos
hallados en algunos yacimientos arqueológicos de
Mongolia, datados en el 6000 a. C., que han
identificado como utensilios para la aplicación de
la acupuntura. Otros argumentan que también se
practicaba ancestralmente en Europa porque la
momia del hombre de hielo de los Alpes
(popularmente conocida como Ötzi) llevaba unos
tatuajes que eran señales de acupuntura. En ambos
casos, la relación con la acupuntura se basa sobre
todo en una especulación interesada para darle una
antigüedad que no tiene. Su origen histórico resulta
bastante más cercano. El primer documento donde
encontramos una referencia es el Huangdi Neijing,
[8] también llamado «libro clásico de medicina
interna del emperador amarillo», escrito en el
siglo II a. C., en tiempo de la dinastía Han, por lo
que tiene poco más de dos mil años de antigüedad.
El primer libro sobre acupuntura publicado
en Europa es la obra del médico holandés Wilhelm
Ten Rhijne Dissertatio de Arthritide: Mantissa
Schematica: De Acupunctura: Et Orationes Tres,
de 1682, aunque algunas fuentes sugieren que ya
con anterioridad los jesuitas habían introducido
esta terapia. En 1836 en la revista médica The
Lancet se publicó un artículo donde se describía
el tratamiento de un hidrocele testicular (retención
de líquido en el escroto) con acupuntura.[9]
Aunque en este caso el éxito es fácil de explicar:
¿no se limitaron a pinchar el globo? En Inglaterra
la acupuntura tuvo cierta relevancia a principios
del siglo XIX, pero cayó en desgracia con el
levantamiento de los bóxers en 1840 y con la
ruptura de relaciones entre el Imperio británico y
China. En 1934 el cónsul francés en China, Georfe
Soulié de Morant, introdujo esta terapia en
Francia.
Si exceptuamos estos tímidos intentos, que no
tuvieron continuación, la fecha oficial de entrada
de la acupuntura en la cultura popular occidental
fue el año 1972, y el pistoletazo de salida, el viaje
de Richard Nixon a China (ése en el que Forrest
Gump jugaba al ping pong). En 1971, antes de que
el presidente cogiera el Air Force One rumbo a
Beijing, Henry Kissinger realizó un viaje
preparatorio con un grupo de periodistas. Uno de
ellos era el editor de The New York Times James
Reston, que sufrió una apendicitis en Beijing y
tuvo que someterse a una operación, para la que se
le anestesió de la forma usual (como cuenta en su
artículo original publicado el 26 de julio de 1971).
No obstante, para las molestias del postoperatorio
(principalmente gases) se utilizó acupuntura, pero
empezó a circular la historia de que había sido
intervenido de apendicitis usando acupuntura como
anestesia.

Secretos de la medicina CHina

Este escaso rigor con las afirmaciones de
alguien por el simple hecho de que viene de un
sitio cuya cultura nos fascina también es frecuente
cuando lo aplicamos a un bien tan preciado como
la salud. Aunque parece que ahora ha pasado un
poco la euforia, la medicina tradicional china
(MTC) sigue disfrutando de gran predicamento en
nuestro país. Lo más llamativo es que su punto
fuerte es el hecho de ser tradicional, de que lleva
practicándose toda la vida. Personalmente, si yo
voy al médico y me dice eso, me levanto y me voy.
Imagínate que cuando fueras a comprarte una tele
te dijeran que la mejor es una que está basada en
una tecnología milenaria, pero ¿existían teles hace
mil años? Yo prefiero el último modelo. Un
aparato de hace milenios no puede ser bueno. Si la
excelencia de la MTC se basa en que funciona
desde hace miles de años, pues es una chapuza.
Hace miles de años no se sabía nada de
microbiología, ni de fisiología ni de genética, y
tampoco existían los antibióticos ni las vacunas,
así que, de entrada, no promete.
Y no lo digo por decir: los números cantan.
Si realizamos un análisis objetivo, no parece que
la medicina en España tenga que envidiar nada a la
China. La esperanza de vida de China es de 74,2
años, con lo que se sitúa en un discreto puesto 97
en el ránking mundial, frente a los 82,5 años de
España. Ya sé que la esperanza de vida es una
medida indirecta en la que influyen otros factores
como la alimentación, la seguridad alimentaria,
etcétera. Vamos a concretar. La tasa de mortalidad
infantil es de 24,63 por mil en China, frente al 4,33
por mil en España. Por lo tanto, no entiendo qué
ventaja puede aportar la medicina primitiva
(tradicional) china a uno de los sistemas sanitarios
públicos mejores del mundo.
La MTC se basa en el principio de que por
nuestro cuerpo corren catorce canales de energía
vital (qi o chi) llamados meridianos. Hay doce
meridianos, más dos principales (el de la
concepción y el gobernador) y multitud de
secundarios. La enfermedad se da por un
desequilibrio entre estas corrientes de energía, y el
reequilibrio se puede recuperar tomando
diferentes preparados o infusiones, o bien
mediante la aplicación de agujas. La MTC no se
basa en la observación y la experimentación, sino
en la doctrina taoísta de los equilibrios y el yin y
el yang, de forma que toda la fisiología y anatomía
se adapta a estos principios, y no al revés.
Asimismo, para complicarlo más, hay distintas
escuelas con diferentes interpretaciones en las que
puede variar el número de meridianos, su
localización y la definición de los órganos y las
enfermedades que dependen del yin y del yang.
Algunas incluso hacen un mestizaje e incorporan el
concepto de chakra, de origen hindú, que serían
como unos centros de energía, de los que habría,
otra vez según el libro que consultes, unos seis o
siete asociados con los colores del arcoíris. El
colmo del desaguisado llega cuando algo tan
objetivo como la anatomía se tiene que adaptar a
una filosofía y a unas fuentes tan variables. En los
libros de MTC se habla de órganos como «el triple
calentador» o el «maestro del corazón» que
directamente no existen. A los órganos conocidos
también les asignan funciones extrañas, por
ejemplo, el bazo es el órgano del pensamiento y la
digestión. Lo curioso es que cuando a alguien le
extirpan el bazo no deja de pensar ni de digerir.
Los defensores de la MTC alegan que algunas
de las recetas utilizadas poseen principios activos
que la medicina occidental ha demostrado que son
útiles, y es verdad. Muchos investigadores en
farmacognosia han tratado de encontrar dichos
principios activos y desarrollar fármacos a partir
de ellos, pero no olvidemos que los productos
tradicionales no están exentos de riesgos (como
ejemplo, lo que pasó con la Aristolochia en
Taiwán) y que su uso se basa en la tradición y la
religión, no en la observación. Así, para un
resfriado o una gripe (la medicina china no los
distingue) el remedio es el Yin qiao jie du pian,
píldoras febrífugas de madreselva y forsitia que
tienen la propiedad de expulsar el viento ardiente
y reequilibrar los meridianos.
Algunos preparados herbales chinos funcionan, pero con
truco. En 1998 se descubrió que uno que se vendía para
problemas del sueño con el sugerente nombre de Sleeping
Buddha contenía el sedante estazolam. También se han
encontrado fármacos para la diabetes como el glyburide y la
fenformina en remedios herbales para regular el azúcar,
corticoesteroides en cremas contra el eccema y viagra en
productos afrodisíacos. Obviamente, son más caros que el
medicamento original y uno se los toma sin un aviso de las
contraindicaciones y los efectos secundarios. En el fondo, que
adulteren sus hierbas con fármacos reales no es más que un
reconocimiento tácito de que lo del yin y el yang y los
meridianos será muy bonito, pero funcionar, no funciona.
Hay un problema añadido con la práctica de
la MTC: ser ecologista, o por lo menos
conservacionista, resulta absolutamente
incompatible. La falta de base científica origina
que muchos de sus principios se fundamenten en la
superstición y la magia representativa. Si estás
débil, comer partes de un animal fuerte te
revitaliza, ya que se supone que de esta manera
obtienes sus propiedades. Existen remedios de
medicina tradicional china como el Hu Gu, un vino
aderezado con huesos del tigre que se cree que
cura el entumecimiento. También se utiliza la
vesícula biliar del oso para la fiebre y las
afecciones hepáticas.
¿Cuáles son las consecuencias? La
popularización de esta medicina en Occidente ha
favorecido de tal modo la caza furtiva que en la
actualidad el tigre del sur de China está al borde
de la extinción, lo que no ha sido un obstáculo
para los curanderos chinos, que han empezado a
surtirse de huesos del tigre de Sumatra. Por no
hablar del rinoceronte, utilizado en MTC para
aumentar la virilidad, lo que ha comportado que
esta especie desaparezca de África para acabar en
las boticas de MTC de todo el mundo, aunque luego
le añadan viagra a fin de que surta algún efecto.
REMEDIOS NO APTOS PARA TODOS LOS ESTÓMAGOS
Cuando uno se pone en manos de un médico chino
tradicional (no de los de verdad), ha de tener en
cuenta que va a recibir un tratamiento de alguien
que piensa que la salud se basa en el equilibrio de
unas corrientes de energía vital que circulan por el
cuerpo como presos por el patio de una cárcel, por
unos meridianos que nadie ha medido o visto, y
que además cree en el principio filosófico del yin
y el yang. En la práctica y la formación de un
médico tradicional chino no aparecen los últimos
tres mil años de avances de la medicina, que
incluyen virus, bacterias, analgesia, higiene,
asepsia y antisepsia, etcétera. Yo tampoco
entiendo que la gente ponga su salud en manos de
unas personas con unas creencias tan raras, pero
como decía Rafael Gómez Ortega el Gallo, «Es
que en toas partes hay gente pa tó».
Cuando uno analiza en profundidad la
práctica de la medicina china, acaba prefiriendo
una operación convencional, aunque sea sin
anestesia. El libro Materia médica china, escrito
en 1597 por Li Shizhen, refiere un tratamiento que
los chinos compraban a los mercaderes árabes
alegando que curaba la mayoría de las afecciones.
Se llamaba «hombre melificado» y para su
elaboración hacía falta un anciano que quisiera
donar su cuerpo para remediar la salud de las
generaciones venideras. El anciano era alimentado
durante varios meses sólo con miel, hasta que ésta
le colonizaba el sistema digestivo. Cuando llegaba
a un punto en el que sólo defecaba miel, se moría
(no se especifica, pero asumo que de coma
hiperglucémico). Una vez fallecido, el anciano era
enterrado en una urna llena de miel que se sellaba
durante cien años. Después de este período, la
carne del anciano macerada en miel y administrada
por vía oral constituía un tratamiento infalible para
toda clase de heridas.
Obviamente la historia es falsa, incluso para
finales del siglo XVI. No creo que fuera fácil
encontrar ancianos voluntarios, y por mucha miel
que se ingiera, lo que se excretaría no sería miel,
sino Miel-Da (heces provenientes de la miel en
chino). Y además, ¿quién va a dedicarse al
negocio de melificar abueletes si no se puede
sacar el producto a la venta hasta pasados cien
años? Esperemos que ningún político actual
adopte la idea y que luego diga que se preocupa
por la sanidad pública a la vez que se ahorra las
pensiones de los voluntarios.
Uno de los peligros de guiarse por la
tradición es que olvidamos que ésta también se
inventa y se falsea. En todas las culturas es muy
típico que cuando un viejete, sea de la cultura que
sea, ve a un señor de otra raza con pinta de experto
que le pregunta por sus prácticas, le cuente la bola
más gorda que se le ocurra para tomarle el pelo o
que simplemente rellene los huecos de su memoria
con fantasías. Me pregunto cuántas descripciones
de costumbres bárbaras y extrañas de tribus
perdidas no son más que fruto del aburrimiento e
imaginación de alguno de los ancianos de la tribu.
La historia del hombre melificado nos da tres
mensajes: uno: la MTC no se libra de falsas
tradiciones; dos: nunca ha tenido demasiado
espíritu crítico a la hora de elaborar sus tratados
médicos, y tres: aunque lo del hombre melificado
sea falso, hay tratamientos en uso que requieren no
ser demasiado aprensivo.